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martes, 15 de septiembre de 2015

De sentirse juzgado y de lo políticamente correcto.

     He pensado muchas veces en escribir esta entrada y al final no lo he hecho, más que nada porque no quiero que si algún aludido me lee, se enfade. Así que si me conoces quizás deberías dejar de leer aquí, porque después de dar muchas vueltas he decidido que necesito escribirlo, al fin y al cabo este es mi espacio. Y no culpabilizo a nadie, ya que soy consciente de que somos nosotros los que decidimos la importancia que damos a los comentarios de los demás y de que según como estamos anímicamente nos afectan más o menos. 
     Tengo la sensación de que sólo se pueden decir cosas bonitas de la maternidad, si te quejas está mal visto. Pero la maternidad como todo en esta vida tiene cosas buenas y cosas malas. Y con la malas no me refiero a no dormir, no poder salir, etc... Si no a la preocupación y al miedo.
     Durante estos meses que hemos arrastrado el problema de salud de Nenebatallas he vivido una montaña rusa, recuerdo una noche que el niño no podía dar un paso, iba arrastrado, agarrándose a la pared, sin quejarse, sin decir nada. Recuerdo mi sensación de querer morirme, de angustia de miedo, de no saber que le pasaba, del rosario de médicos que no daban respuestas, las pruebas salían bien, pero no sabíamos que era, el no poder hacer vida normal, la mirada del resto de las madres del cole de pena, la incertidumbre y la impotencia por no saber donde más acudir. También era consciente por mi trabajo de que hay niños que están mucho peor, con enfermedades más grave, así que a veces hasta me sentía culpable de sentirme tan hundida.
     Un día estando con una amiga, yo lloraba (igual que ahora al recordarlo) y ella también de verme, me dijo que no sabía que decirme con respecto al niño, pero que por favor yo me cuidara, que me iba a dar algo y estaba preocupada por mí. Yo entonces exploté  y le dije que quizás yo no debería haber tenido hijos, (esta frase sólo se la había dicho antes a mi madre, a la que le faltó darme un bofetón y me soltó un: no digas esas cosas a ver si encima el universo te va a castigar. Lo que añadió más miedo y sentimiento de culpa a lo que yo ya sentía). Mi amiga en cambio me dijo que porque lo decía, intenté explicarle como me sentía y que sabía que en esos momentos yo no estaba siendo buena madre, porque después de más de tres meses era incapaz de ocultar a mi hijo mi preocupación, mi tristeza, que estaba enfadada por la situación y saltaba a la mínima con todos los de mi alrededor incluidos ellos. Que los niños notan todo y les traspasamos los sentimientos y yo lo estaba haciendo fatal. Mi amiga me dijo algo que le agradeceré eternamente: "Te entiendo, yo estaría igual o peor". Procesé la frase y no volví a decir aquello, sólo eramos unos padres, pasando por un momento emocional malo, con mucha preocupación por no poder ayudar a su hijo. A mi también se me juntó un poco con problemas de trabajo, el paro de papabatallas y problemas familiares varios, que aunque pasaron a un segundo plano, ahí estaban. Pero con mi madre fue la primera vez que me di cuenta de que hay cosas que no es políticamente correcto decir.
     Pensaba que esto se había quedado ahí, pero hace poco en un grupo de whatsaap de amigos de toda la vida se le decía a una embarazada que aprovechara para dormir, nosotros que somos los únicos del grupo con hijos, les dije que aprovechara para oír las películas e ir al baño sólo. De verdad que no lo dije a mal. No recuerdo quien empezó a poner las típicas frases de "los niños son lo mejor y más importante que te puede pasar en la vida, una sonrisa lo compensa todo, cuidar de alguien es reconfortante para el alma" (esto hay mucha gente que no lo piensa cuando la persona a cuidar tiene 80 años...). Contesté y de verdad no quise ofender, si no más bien intentar entrever que no todo es maravilloso, con un "uy preguntarle a papabatallas", cometí el error de no añadir una carita de esas que sacan la lengua. Porque todo se desmoronó a mi alrededor empecé a recibir comentarios sobretodo en privado, en los que me sentí juzgada, me sentí mala madre, se me acusó de querer desanimar a la gente que quería tener hijos, etc...No era la primera vez que recibía, bien en persona o bien por la espalda este tipo de comentarios, cuanto no te apuntas a planes o cuando te ven agobiada. Para ser justa también recibí privados de gente diciéndome que no hiciera caso y que sabían lo que yo había querido decir. Al final me vi teniendo que aclarar en público y privado, algo que para mi es algo que debería estar fuera de toda duda. "Que queríamos a nuestros hijos por encima de todas las cosas, que no queríamos que les pasara nada malo y que no nos molestaban en absoluto". Me pasé varios días triste, sólo de pensar que alguien dudara de aquello o viera mala fe en mis palabras. Después de mucho pensar he decidido que si quiero desahogarme no lo haré,  que a partir de ahora hablaré lo menos posible de mis hijos y contestaré con monosílabos para que nada resulte malinterpretado. Pero señores tengo la lengua larga, nos invitaron a una cena en este grupo, no sabíamos si ir o no porque Nenebatallas a las nueve y media está dormido y si se le pasa la hora como cualquier niño, se emberrincha. De pasada mientras recogíamos le pregunté a Papabatallas que debíamos hacer y me contestó: "Pon que vamos y si los niños se ponen pesados, nos venimos sin cenar". Lo trascribí sin pesar pero nada más enviarlo, pensé "mierda mierda mierda", he puesto pesados en vez de "si se cansan". Desee que nadie lo malinterpretara pero ya me sentí mal. Ayer me encontré a chica que está embarazada, yo venía de un viaje a otra ciudad de una revisión de Nenebatallas le dije que estaba cansada y que mi madre y yo habíamos hecho un intento de compra pero que había resultado horrible (esa fue la palabra que usó mi madre, mientras yo estaba en la cola de la caja y ella perseguía a los niños que corrían en direcciones opuestas)."Deja de reírte (Pequebatallas estaba monísimo probándose todos los collares y pulsares brillantes de la tienda y moviendo las muñecas sin cesar para que sonaran y yo estaba disfrutando de ver a Nenebatallas correr, algo impensable meses atrás), esto es horrible, deja lo que vayas a compra y vamonos porque no me hago con ellos". El caso es que al pronunciar yo la palabra horrible delante de esta chica me pareció que ella puso cara, yo me enfadé conmigo misma y cambié de tema le pregunté si ya tenía ganas de que naciera. Respuesta: "No a mi el niño no me molesta...". De primeras pensé en lo afortunada que es por llegar al noveno mes sin grandes contratiempos, de dolores o pesadez, luego me dio por pensar si había alguna crítica velada. Lo sigo pensando un día después.   Porque quiero y querré a mis hijos por encima de todas las cosas, como nunca creí que podría amar, pero también me siento incomprendida, juzgada y a veces sola. 
     Una cosa tengo clara, cuando te conviertes en padre, todo el mundo parece saber acerca de todo, que alimentación, como llevarla a cabo, como educar, "esto así no, yo lo hice así, de toda la vida se ha hecho de otra manera...", colecho si, no, castigar, premiar... En general, a todos nos sobran juicios y nos falta empatia.

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